CUENTO: Sentidos estivales (subterraneo veraniego)
Las líneas de luz neón, pasaban raudamente por la sucia ventanilla del subterráneo. Casi hipnotizantes, como fuegos faustos. Cada vez más rápido, más tenues, más largas.
El sueño comenzó a vencer. Párpados caídos por escritorios metálicos. Paso a paso, los fuertes sonidos del traqueteo interminable y bobinas mal mantenidas, se fueron dispersando en la nada.
El tórrido calor del verano, no solo bajaba por las escaleras junto a carne transpirada. La pesada pestilencia de la humedad penetraba con el mismo vigor.
Los grises aumentaban, el murmullo de las estridencias ya no eran más que un lejano lamento de oboe.
El Dios negro con todo su poder, por fin vino acariciando los contornos, hasta que solo un pequeño punto fluorescente de sol visto hasta hace poco, quedó fijo en la pupila.
Gotas de salado sudor fueron corriendo por el pecho. Pero no molestaban, la pesadez del dormir aplacaban las cosquillas. Mientras, un hilo de saliva se escapaba por la pálida comisura de los labios.
Desgarros internos de pesadillas movían interminablemente los ojos en sueños del sexo de los inviernos fríos con caricias de las vísceras flotando en un mar liposo.
Ida y vuelta, el caballo de metal bufando con ojos brillosos. Sin salida, atrapado en jaula de hamsters, mientras que el alimento de las hidroeléctricas sube y baja de acuerdo a la tala del Amazonas.
En tanto, carne aplastada sobre el tibio riel de infinitas ruedas pasadas.
Calor... calor. Sonidos .. aullidos
Rojo metal de sangre magra! (que solo el tiempo borra con olores putrefactos)
El Cementerio es mejor!, se sintió un grito en la nada. Así y así las voces se multiplicaban.
Gris cemento otra vez de nuevo. Avalancha interminable de cuerpos apretados en escalera al cielo raso, sin esperanza en el futuro cercano si el plutonio decide que aquí es buen lugar.
Vapores de inmundo gas-oil aprietan otra vez la garganta. Brea caliente y viales mal marcadas,
El ganado se apila, peor que en el subsuelo. No respetan su a su propia cornamenta. Las bolsas de la calle chorrean el líquido de la descomposición después de una navidad con nieve artificial, producto de lo que nos dijeron.
Y yo ... quién mas que yo para decir todo esto? Maldición!! alguien compró repelente, creo que debo irme.. (la mosca).

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