miércoles, 22 de agosto de 2007

CUENTO: La Tercera Civilización

Capitulo 1

Las olas golpeaban el pequeño casco de madera del bote del pescador.

En este, se encontraba Luis, joven aun en edad, pero que la dura vida del mar había rasgado su cara y sus manos en surcos de ancianidad prematura,

Su vida, a pesar de todo, era placentera. No poseía otra cosa que su bote, dejado como herencia de un padre fallecido muy temprano y una madre que abandonó cuando el alcohol ya impedía siquiera que lo reconociera como hijo en vez de cliente.

Las noches de pesca, fuera de la rada, ocupaban toda su atención. Los lejanos murmullos que le relataban historias del planeta y de las estrellas, lo mecían en una semi-inconciencia aceptada. Los grandes buques de carga y turistas, no importaban. Ni siquiera el regateo de su mercadería que con tanto esfuerzo conseguía cada día.

Solo el mar y las enseñanzas secretas le producían la misma reacción que a un niño un dulce.

Cada vez que se alejaba de la costa, con las luces del anochecer del puerto a su espalda, le daba sentido a su vida.

Durante el día dormía casi siempre a bordo del bote, recordando las cosas escuchadas la noche anterior. Tenía una cama en la casa de una tía, pero prácticamente no la veía. Tampoco ella se preocupaba mucho por sus cosas, así que por que molestarse, se dijo cuando alguna vez le importó.

Durante las noches mas duras del invierno, cuando el frio y las olas se transformaban en el verdugo de los pescadores, acomodaba su bote entre dos mas grandes y caminaba hacia la punta de la escollera, para ver como la rompiente abrazaba las piedras con pasión.

Fue una de esas noches cuando tuvo su primera visión.

De golpe, entre las crestas de las olas, un fulgor se mostraba y escondía sobre el borde del horizonte. Se hacía fuerte y débil; lo llamaba con un canto invisible distinto al que ya conocía.

Duró solo unos minutos, pero la impresión que causó en su espíritu, fue lo suficientemente grande para saber que no era un fenómeno natural. Esto debería contarlo (no como las otras cosas). Así que, dejando de lado su mutismo habitual, fue a relatárselo a un grupo de pescadores (por supuesto todos mayores que el), que usualmente se juntaban en el bar del puerto.

Por supuesto, no lo tomaron muy en serio. Si bien cada tanto escuchaban historias así, era normal para ellos que un chico tan callado y metido en su mismo tuviera en su imaginación cosas de ese tipo. Era famosa su fascinación por el mar.
La aceptación benevolente de los pescadores fue obvia para Luis, así que todavía aún más, se encerró en su silencio esperando encontrar una respuesta que no llegaba desde sus amigos de las profundidades.

Cada noche que salio a pescar con posterioridad a su visión, fue un verdadero tormento por no encontrar las luces de nuevo, junto con ese extraño llamado.

Toda su atención estaba en el escrutinio del mar. A la pequeña red, solo la revisaba de forma mecánica. No prestaba atención siquiera a las enseñanzas que recibía por la noche.

En un atardecer del mes siguiente, en que casi no se podía navegar por las condiciones meteorológicas, se permitió caminar hasta la punta del espigón mientras esperaba que amainara un poco el ventarrón.

En el mismo instante que llegó, cuando el sol ya perdido en el horizonte solo dejaba su marca gris en el firmamento, vio nuevamente el fulgor.

No lo pensó más. Salió corriendo hacia su bote y prendiendo el motor encaro la mar embravecida detrás de la luz que cada vez que parecía tenerla a mano, se alejaba mas.

Ahora el chubasco era impresionante. El viento y las olas aun más. Su bote saltaba de un lado a otro, mientras las cuadernas crujían pidiendo auxilio por el esfuerzo.

A el no le importaba. Sabía que cuando su padre lo construyó, fue a conciencia, y todavía no había comenzado a pudrirse gracias al esmero con que lo cuidaba.

A veces, las olas dejaban fuera la hélice del motor, acelerando este hasta revoluciones insoportables.

Pero no importaba. Tenía una meta e iba a alcanzarla.

Ya habían pasado mas de cinco horas de navegación. Cambio por segunda vez el tanque de combustible. Estaba casi en un punto sin retorno y sabía que sin este, dado las corrientes imperantes, no se podría acercarse a la costa por mucho tiempo.

Nunca se había alejado tanto, excepto una vez, pero no en su bote, sino en una de altura al que fue invitado para una navegación corta. Pero ya estaba hecho y no había forma de que lo hicieran regresar, aun a pesar de su propia vida. Tenía que alcanzar esa luz, y no cejaría en su empeño.

Al fin, el viento fue amainando y la marejada también. La noche se hizo absoluta y únicamente la tenue luz del fulgor iluminaba su destino.

Pasado el tiempo, ya solo se escuchaba el traqueteo del motor. El silencio amenazaba de una manera indescriptible y las primeras luminarias de la mañana comenzaban a aparecer e inversamente a desaparecer lo que persiguió durante toda la noche.

En ese momento, el motor tosió y dejó de funcionar por falta de combustible. Luis con desesperación trató de darle marcha nuevamente aún sabiendo que no respondería.

Mirando el fulgor con lágrimas en los ojos, de golpe la misma se hizo intenso y se le acercó. Estaba pasando a muy pocos metros de su bote.

Casi sin pensarlo, se arrojó por la borda nadando en dirección de esta, absorbiendo el golpe del frío mar que lo dejo jadeando, casi sin sentido ..

Sabía que debajo de el, la profundidad superaba los 400 metros y una visión de esa distancia, le produjo vértigo.

Estaba cerca, solo un par de metros, cuando al fin, provino lo que debía suceder. El frío de las aguas se agarró de sus entrañas y provino el paro cardiorrespiratorio. Tuvo tiempo de pensar en ello durante los últimos segundos. Se acordaba muy bien de la muerte de su propio padre por la misma causa, y ahora tenía conciencia de su propia muerte.

CONTINUARA....

martes, 21 de agosto de 2007

CUENTO: La Absorción

Las Líneas surcaban el cielo muy rápido, dejando destellos plateados. Desde tierra, cualquier observador diría que eran las estelas de condensación de los aviones que suelen surcar esos parajes montañosos.
La verdad era otra, tres hadas desnudas eran la causa. Sus estelas, solo el desecho de polvos mágicos que combustionaban durante el prodigio.
No tenían preocupaciones. Habían sobrevivido durante siglos a los humanos. Tampoco tenían enemigos, excepto tal vez, el innombrable. Pero ya no era de temer, su propia codicia fue su perdición.
Los juegos era parte misma de su existencia. No sabían lo que era la virginidad, pues no conocían el sexo.
Atropellaban las nubes sin importar si dentro de ellas arreciaba una tormenta. Los rayos solares mas fuertes en las zonas polares -por la ya alarmante falta de ozono-, solo eran caricias para sus cuerpos.
Sabían ellas que tenían una misión no revelada todavía, pero el paso del tiempo, como a todo ser, hacía olvidar las cosas primitivas de su pasado. Digamos que ahora, solo disfrutar era lo esencial.
Cinco mil metros debajo de ellas, un hombre, con una mochila de montaña en su espalda, se esforzaba por trepar una pendiente particularmente empinada.
Estaba de vacaciones, una que hace tiempo no se tomaba y se debía.
El divorcio con su mujer fue lo que le ayudo en la decisión. El flagelo de la separación de bienes duro mucho y gracias que aun no habían llegado a tener hijos. La justicia realizaba estos trámites no lo suficientemente rápido.
Necesitaba descansar, salir de los problemas de su empresa. Tenía que encontrarse con si mismo. Estaba solo.
El montañoso bosque era lo ideal. Una zona muy poco explorada por lo difícil de su situación geográfica. Además, en muchas millas a la redonda, estaba totalmente prohibido realizar cualquier tipo de actividad industrial.
Ya llegaba a la cima únicamente rematada por pequeños arbustos. Le faltaban unos treinta metros. Ahí acamparía para pasar la ultima noche de ascenso.
Era una zona de desprendimientos, pisaba con cuidado. No quería nuevamente salir disparado hacia abajo -como hace dos días- y romperse algún hueso. Así y todo, no pudo controlar el último apoyo para llegar a la meseta salvadora. La piedra debajo de su pie, salio despedida y, junto con ella, todo su cuerpo.
Era increíble, durante la caída todo parecía moverse con extrema lentitud. Dando tumbos por la pendiente, una roca se atravesó en su camino y la oscuridad llego de golpe.
Ese fue el inicio. Parte de la ladera también se desprendió. La roca en que cayó, tal vez fue lo que le salvo la vida.
Allá arriba, tres figuras sublimes bajaron la mirada. El polvo que divisaban, les impedía observar lo que verdaderamente estaba sucediendo. A un pensamiento de una de ellas, y de común acuerdo, fueron descendiendo en círculos.
Cuando llegaron, la tierra levantada ya se estaba asentando. Miraron maravilladas las nuevas rocas que después de miles de millones de años veían por primera vez la luz. Así que bajaron un poco mas a saludarlas.
La ladera había tomado otra forma. No muy distinta de la de antes, pero otra forma al fin y al final divisaron y miraron, por sobre todo, el cuerpo que yacía a mitad del camino sobre la piedra semi enterrada.
No era sorpresa para ellas encontrar humanos en su camino. Como tampoco encontrarlos en malas condiciones como ahora. Una mirada más, y comenzaron a retomar el vuelo que habían dejado para satisfacer su curiosidad.
Un metro sobre el terreno, dos, cuatro... Un grito de agonía salió disparado de la boca del humano herido. Clamaba dolor.
Una línea, un destello, todo era confuso, excepto el tormento que le obligó a lanzar aquel grito, que a su vez le produjo otro por sus costillas fracturadas.
No sabía donde era arriba ni abajo. Creía que había caído, pero no cuanto ni cuando. Tanteó abrir los ojos.. ningún problema. Si bien no veía claro, ya era algo.
Cinco metros. Indecisión en una de ellas. Frenó el ascenso y las otras la observaron, reclamaron y por último, salieron despedidas hacia arriba esperando que ello también impulsara a su hermana a seguirlas.
Una figura se movía en el aire a pocos metros de el. Como suspendida en el aire. Se al principio pregunto si seria un ave de rapiña; en ese caso, hace bastante tiempo que debía estar tirado ahí, pero por su tamaño y claridad no lo parecía. Tembló de golpe al recordar las enseñanzas católicas de su niñez, pero a ese Ángel parecían faltar le alas. La confusión era total y el dolor, insoportable.
La agonía del humano la estaba llamando. Sentía su dolor como si fuera propio. Levanto momentaneamente la vista y ahí vio a sus compañeras de vuelo que la observaban a una prudente distancia, mientras la arengaban para que subieran junto a ellas.
Un calor recorrió su cuerpo sedándolo. Pudo mover la cabeza, algo.. no una mujer a su lado lo envolvía con su aura.
Nunca había estado tan cerca de un humano. Sabía que por su propia fragilidad espiritual, su existencia corría peligro, pero el llamado era incontrolable. Hacia rato que sus hermanas se habían ido, dejándola ya por un caso perdido. En ese momento, a ella no le importaba.
Pasó el tiempo y tenía hambre. Si compañera parecía no darse cuenta de ese detalle. Pero por alguna extraña razón, su cuerpo fue sanando rápidamente, demasiado rápidamente. Cada vez que ella se le acercaba, por dentro sentía una una satisfacción, exaltación y euforia como nunca había tenido.
Estaba fascinada. Podía darse cuenta de los cambios orgánicos que sucedían dentro del humano. Su cuerpo estaba recomponiéndose y junto a ello, el lado de la vida se unía inconfundible mente con su propio ser.
A veces, durante la noche cuando el dormía, presentía el peligro en que se encontraba su propia vida. Algo de humanidad se estaba colando dentro suyo.
Se sentía mucho mejor, ya podía incorporarse y por señas le indico que necesitaba alimentarse. Al principio, ella parecía no darse cuenta, y no hablaba -algún mal funcional?-, se preguntó; asi que por señas, y poniéndose un poco de hierba en la boca, le demostró que era lo que necesitaba.
Esa misma tarde aparecieron delante suyo plantas que cuando probo, no supieron a nada, pero le entregaron algo mas de energía.
Casi se había olvidado que los humanos debían comer. Sabía que a menudo se alimentaban de animales muertos, pero esa idea la repugnaba, entonces se dedico a recorrer la base del bosque hasta en encontró algo que parecía comestible para el. A su vez, de alguna forma su propio cuerpo estaba debilitándose. Tal vez por la nueva unión que surgía entre ellos dos, y por primera vez en toda su existencia, durmió y tuvo sueños.
Era la primera vez que la observaba dormir. Se dedicó a estudiarla con mucho cuidado. Parecía una mujer, pero interiormente sabía que no lo era.
En un momento, le asaltó un pensamiento que no creía que pudiera sucederle. Se acordó de su ex-mujer. No lo podía creer, estaba extrañándola.
Escucho a su Ángel gemir; no sabía su nombre, así que ese le pareció el mas conveniente.
Se despertó. Se sentía cansada, desganada. Recordaba vagos y extraños pensamientos de ese primer sueño.
Cada día que pasaba recordaba mas a su mujer. Su necesidad de volver a estar con ella era increíble. Una noche, mientras su Ángel dormía entre gemidos, tomó casi sin pensar parte de sus cosas y se marchó. Casi en un estado de inconciencia, como sabiendo lo que estaba haciendo, pero un poco fuera de su voluntad, como queriendo salir de un sueño que no termina nunca.
A la mañana siguiente, un cuerpo enjuto, todavía con algunos rastros de una belleza pasada, se despertó en medio de las montañas.
Estaba sola , y la mitad de ella se habían llevado.

CUENTO: El, la música y el reloj

La música sonaba despacio en sus auriculares, arrullándolo.
En una estancia serena, con una copa de coñac en su mano, se dejaba deslizar entre las olas placenteras del sonido.
Las Walquirias adquirían una nueva dimensión. Warner...
De fondo, un tic tac. El reloj de pie de su abuelo, colaboraba donde un nuevo sabor al ritmo.
El péndulo soñoliento oscilaba; como diciéndole "aquí estoy", eterno, inmutable.
Dentro de la propia paz, todo comenzó a detenerse.
Me estoy durmiendo - se dijo.
La quietud, cada vez más palpable, ataco ahora sobre la música, dejándolo a un simple ulular monocorde.
Cerro los ojos.. esperando.
Paso el minuto, los diez, los quince.
Abrió los ojos.
- Que pasa? - se preguntó. - Por qué no duermo?
El reloj estaba detenido; la música solo era un ulular. Pero el estaba despierto, demasiado despierto.
Se asustó. Tanto que el temor que sentía le impedía levantarse del sillón.
Un manto oscuro comenzó a rodearlo, pero permitiendo ver el reloj y el equipo de música.
El, la música y el reloj, se perdieron de pronto en la nada...
Pasó mas de una hora, dos a lo sumo. Se sentía más liviano; tanto que parecía que comenzó a volar dentro de la oscuridad.
El reloj y la música volaban a su lado; ahora, en un tubo sin principio ni fin.
Un día. Ya?
Estaba perdido, pero por alguna causa, no entró en pánico.
Un mes, un año, una década.
Una centuria, un milenio....
Las eras pasaban. Tal vez lo único fuera de su entorno que palpaba.
Se miró las manos. No había cambios
Puede ser que estuviera frenando?. Ahora?. Después de eones?
Pues si; estaba frenando - se dijo complacido -. Ya tendría tiempo para analizar todo.
El tubo daba la sensación de apuntar hacia abajo. De golpe sintió vértigo y cerro los ojos. Tenía hambre. La música volvió a sonar. El reloj comenzó nuevamente a dar su tic tac.
Escuchó un "crunch" por encima de la música. Estaba quieto.
Abrió los ojos. Todo era gris y el terreno llano. Terriblemente llano. No existían las paredes, ni el barrio, ni la ciudad.
Caminó
Los minutos sucedían. A lo lejos, el reloj y los auriculares apoyado sobre el sillón se veían pequeños.
Se creía en un sueño .. pero sabía que todo era real.
Cien metros mas y delante suyo una placa de un material del mismo color que todo, estaba fijada sobre una base de concreto.
La información era escueta, pero contundente. Decía.. "Quien lea esto, es que sobrevivió. Dios salve a lo que reste de la raza humana".
Algo malo había pasado, y lo peor de todo es que no sabía que.
Angustia, pesar, exaltación y por fin, desazón.
Camino de vuelta a donde se encontraba el reloj. Se puso nuevamente los auriculares y, mirando el reloj esperó a ser ceniza.

CUENTO: Sentidos estivales (subterraneo veraniego)

Las líneas de luz neón, pasaban raudamente por la sucia ventanilla del subterráneo. Casi hipnotizantes, como fuegos faustos. Cada vez más rápido, más tenues, más largas.
El sueño comenzó a vencer. Párpados caídos por escritorios metálicos. Paso a paso, los fuertes sonidos del traqueteo interminable y bobinas mal mantenidas, se fueron dispersando en la nada.
El tórrido calor del verano, no solo bajaba por las escaleras junto a carne transpirada. La pesada pestilencia de la humedad penetraba con el mismo vigor.
Los grises aumentaban, el murmullo de las estridencias ya no eran más que un lejano lamento de oboe.
El Dios negro con todo su poder, por fin vino acariciando los contornos, hasta que solo un pequeño punto fluorescente de sol visto hasta hace poco, quedó fijo en la pupila.
Gotas de salado sudor fueron corriendo por el pecho. Pero no molestaban, la pesadez del dormir aplacaban las cosquillas. Mientras, un hilo de saliva se escapaba por la pálida comisura de los labios.
Desgarros internos de pesadillas movían interminablemente los ojos en sueños del sexo de los inviernos fríos con caricias de las vísceras flotando en un mar liposo.
Ida y vuelta, el caballo de metal bufando con ojos brillosos. Sin salida, atrapado en jaula de hamsters, mientras que el alimento de las hidroeléctricas sube y baja de acuerdo a la tala del Amazonas.
En tanto, carne aplastada sobre el tibio riel de infinitas ruedas pasadas.
Calor... calor. Sonidos .. aullidos
Rojo metal de sangre magra! (que solo el tiempo borra con olores putrefactos)
El Cementerio es mejor!, se sintió un grito en la nada. Así y así las voces se multiplicaban.
Gris cemento otra vez de nuevo. Avalancha interminable de cuerpos apretados en escalera al cielo raso, sin esperanza en el futuro cercano si el plutonio decide que aquí es buen lugar.
Vapores de inmundo gas-oil aprietan otra vez la garganta. Brea caliente y viales mal marcadas,
El ganado se apila, peor que en el subsuelo. No respetan su a su propia cornamenta. Las bolsas de la calle chorrean el líquido de la descomposición después de una navidad con nieve artificial, producto de lo que nos dijeron.
Y yo ... quién mas que yo para decir todo esto? Maldición!! alguien compró repelente, creo que debo irme.. (la mosca).

lunes, 20 de agosto de 2007

CUENTO: Ilusiones durante un viernes lluvioso

- Imaginación es lo que no te falta! - decía mi amigo, mientras caminábamos por la calle Florida.
- Creeme, la verdad es esa, contesté yo ya un poco ofuscado.

Seguimos andando cuadra tras cuadra mientras que, como siempre sucedía, realizaba mis simples ejecicios de control mental para "desenchufarme" de la discusión que había tenido con el.
Sucede, que cuando un se encuentra con un hecho inesperado, y debe relatarlo por simple necesidad psicológica, siempre cae en los referentes habituales... el amigo de las reuniones en el Café del Gallego.
Pero, que de ese suceso que me tenía a mal traer?. Pues bien, la respuesta es muy simple.. vi un fantasma.

- Fantasma o no, me decía en ese momento mi amigo sacándome de mis cavilaciones, lo correcto es un buen pasaje a un instituto psiquiátrico y solo con boleto de ida, eso es lo que creo de lo que decís.

Mirándolo con cara de pocos amigos, y llegando a la Avenida Córdoba, me despido con un simple "chau", mientras lo dejaba con la palabra en la boca.
Quien es el para decir lo que vi o no vi?. Debo dejar expresa constancia que no estaba bajo la acción de ningún alucinógeno (tasas de interés, valor cotización dolar, etc, etc.) así pues: por que no podía ser verdad que un ente ectoplasmático se presentara antes mis ojos y me dijera: "Te olvidaste el paraguas en la oficina y va a llover. Mejor que vuelvas y lo busques, antes que te mojes durante todo el trayecto".
Claro, es de esperar que estos hicieran ruidos de cadenas, con algún aullido espeluznante que paralizaría el corazón de las viejitas que se dedican a alimentar sistemáticamente a los gatos, sin dejarlos con espacio suficiente en el estómago para cumplir con la misión que les fue encomendada desde el inicio de los tiempos, o sea, cazar ratones.
Pero ratones van, ratones vienen, lo que vi, mas que asustarme, la única acción que atiné fue darle las gracias y, siempre confiado en el parte diario de nuestro servicio meteorológico (soleado todo el día), llegué hecho sopa a la casa de mi novia.

Por supuesto, Sandra me atendió como corresponde, prestándome su salida de baño, mientras secaba mis ropas, así que con flores repartidas por todo mi cuerpo (parecía que heredó la bata de su abuela), me senté en el balcón para ver como Dios lavaba un poco la cara de nuestra querida Buenos Aires.

- Te lo dije, escuche a mis espaldas.

Preparando la excusa simple (y real) de la lluvia, pensando que era el padre de mi novia, me di vuelta y, a quién me podría haber encontrado?. Por supuesto a mi ya conocido fantasma.

Explicaciones de como era verán que no hay, fundamentalmente por respecto al lector, ya que además de una pseudo forma humana, no solo desnudo se encontraba, sino que poseía ciertas partes de su cuerpo con desarrollos desmedidos.

Mientras que me repetía "Te lo dije", y sacudía la cabeza como en un gesto de contrariedad, no puede menos que otorgarle una cierta de flema inglesa a su estilo.

Por supuesto, mi respuesta no tardo en llegar.

- Y por que debo yo (con cierta altivez), creer en lo que dice un fanstasmón desproporcionado?

- No tienes por que creerme - me contesto -, pero debo comunicarte que mi jefe (llamado según el, "Regente de los Inconclusos"), me asignó a vos como plan de estudio de formas materiales, a fin de poder saber si una coexistencia pacífica entra vuestros estratos y los nuestros es posible.

Durante el tiempo en que Sandra permaneció en la cocina sin vernos, intercambiamos algunas palabras de como eramos nosotros y como eran ellos. Por supuesto mi orgullo era grande cuando tenía que defender a nuestra raza humana de los avatares históricos que no puedo dejar de admitir, el era muy versado.

Cuando sentimos que de la cocina se acercaban pasos, el con un elegante floreo (ahora digno de un antiguo caballero francés), se despide de mi, mientras que ya en mi interior se guisaba una idea. Esas que tiene uno fundamentalmente cuando es chico y las maldades afloran. Así que antes de desaparecer, le arrojé la pava de agua hirviendo (siempre me gusto el mate con agua muy caliente aunque se quemara la yerba), y con un pequeño grito de sorpresa, se fue deshaciendo como gelatina diluida, cayendo por el borde del balcón hasta no quedar nada de el.
- Que fue ese ruido? - preguntó Sandra con cara de sorpresa.
- Nada -conteste yo - Solo un fantasma molesto.
Por supuesto, pensando que le estaba tomando el pelo, dio media vuelta y se marchó al baño no sin antes arrojarme la ropa todavía húmeda y diciendo que me vistiera, ya que sus padres estaban por llegar en cualquier momento.
Acuse recibo. Me visto y, recogiendo la pava tirada a un costado del blacón, me meto nuevamente en el departamento, a esperar y pasar una agradable tarde de un viernes lluvioso en compañía de mi familia política.
Pasaron los días. Casi me había olvidado del asunto cuando en el espejo del baño de mi departamento, veo una nota pintada en un dorado que tenía a esfumarse. En sintesis, para un rápido entendimiento transcribo los conceptos ahí vertidos:
"...Sr, Santiago: Por la presente, y habiendo recogido datos fehacientes, le informamos que en juicio sumarísimo y en ausencia, su excelencia el Regente de los Inclusos dictaminó su culpabilidad en la causa acontecida sobre uno de nuestros representantes. Siendo así, confirmamos que las relaciones hombres-ectoplasmas, se verán definitivamente interrumpidas. Lamentando el hecho debido a los mutuos beneficios que se obtendrían de tal asociación, me debo y le debo dejar constancia de tal, e informarle que a la brevedad será ejecutada la sentencia hacia su persona. Fdo. El Coordinado..."
Esto ya superaba mis expectativas. Antes que se terminara la nota de borrar por sus propios medios, tomé el papel higiénico y la deshice en estrellas de protoplasma.
Terminada esta última experiencia, acabé contándole a mi amigo lo que brevemente resumí.
Días después, viajando en el colectivo 152 y todavía algo molesto por la situación, decidí dar por terminado el asunto, y olvidarme totalmente del el, no sea que verdaderamente me sacaran un pasaje en la agencia del viajes "Borda Inc.".
Pero a la semana siguiente y mientras dormía, distintas voces comenzaron a sonar en mis oídos; cada vez más fuertes y más penetrantes.
Hasta que no abrí los ojos, estas no pararon; así que me levanté a prepararme un café y orinar. Pero cual fue mi sorpresa al encontrarme en el baño otra note de los seres semi incorpóreos, notificándome que a partir de ese momento, las noches serían totalmente ruidosas, cada vez que intentara dormir.
No di mucha importancia, pero interiormente algo me decía que era verdad. Con mucha tranquilidad me tome dos lexotanil y me fui a dormir.
Al cabo de una hora, aun con todo el poder de los fármacos, el ruido era tan intenso que me fue imposible descansar. Duró toda la noche, y así sucesivamente durante mucho tiempo.
Tan penetrante, molesto y permanente fue el estrépito que comencé a sentir que perdía la cordura a tal punto que las noches de insomnio y el agrio carácter que adquiría día a día, me hicieron perder el trabajo, novia y a casi todos mis amigos.
Pero ya no tengo problemas, el hospital en que me alojaron cuando me encontraron - tirado en el baño con astillas del espejo sobre mi-, tiene un bonito campo con árboles y sillones de plaza.
Ya no escucho ruido alguno, dado que en un arrebato de desesperación me punzé los oídos con un destornillador philips y los sonidos desaparecieron.
A veces venia mi viejo amigo a visitarme. Me daba un abrazo y se marchaba.
Pero paso el tiempo y dejó de venir, hasta que un día llegó su hermana, Lloraba mientras decía por señas que el se había suicidado, dejando una carta para mi.
la abrí despacio, con angustia y pesar, por que de alguna forma sentía que lo que estaba escrito ya lo conocía.
Solo había tres palabras en ella y eran "...A mi también..."